sábado, 31 de enero de 2009
Ojala fuera invierno.
Todo sería más fácil si no hubieses dejado esos suspiros plasmados en mi ventana. Esas tardes donde una sola nube tapaba todo el cielo, una infinita nube grís. Y nosotros tapados hasta la nariz, abrazados, fundidos, enredados entre las sábanas de mi cama. Tú con tu sonrisa eterna, amable, casi delicada. Y yo quieta, inmóvil, deseando con todas las arterias de mi cuerpo que no acabe nunca el tiempo junto a tí.
Y viene la primavera a mentirme sus flores, cuando tu ausencia no es más que un temblor en las entrañas. Y pienso tu recuerdo y en los besos que nos dejamos creando la ternura donde solo habían miedos. Pero entiendo cuando dices que lo nuestro no es más que una hoja seca, que por mi horizonte de dudas, mi nombre dejó de ser el color más dulce en tu boca. Y han comenzado a ponerse tristes mis mañanas, porque no veo tus manos acercándose, despacio, sin razones. Porque solo veo reproches en el tunel sin fondo que era tu mirada, pero no te culpo...
Tú dices: amar te duele. Yo digo: amarte duele.
Si es rencor, si es indiferencia o solo una mancha de lluvia en tu memoria. Habla bien, no al revés, que las horas se hacen tibias y me pongo a girar en el aire, hazme bajar. Y hablemos de luces, hablemos de nada, hablemos de cosas de verdad. Y a veces tan triste y a veces tan virgen, a veces solo una mancha de lluvia en tu memoria, hazme bajar.
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